Niños con una mayor sensibilidad auditiva: cómo afecta a su vida y desarrollo.

La hiperacusia puede apuntar a un niño con especial sensibilidad creativa sonora o a una sobreexposición acústica que provoca inflamación del oído

El oído es el primer sentido que desarrollamos en el útero materno. Nuestra primera conexión con el mundo exterior. Hay niños que nacen con mayor sensibilidad auditiva, lo que se denomina hiperacusia. “Manifiestan una sensibilidad especial, tanto para oír como para crear y entender el mundo a través del sonido.


Cada persona tiene canales diferentes para conocer el mundo y relacionarse con él. La hiperacusia puede ser una manifestación de esa sensibilidad”, explica María José Lladó Sánchez, psicopedagoga experta en terapias de sonido del centro ACIMUT y orientadora psicopedagógica de la editorial Kolima.

Un niño que escucha determinados ruidos y sonidos, se tapa los oídos, se queja y llora puede ser hiperacusico. Nuestro mundo está sobre expuesto a ruidos y los niños sufren a menudo estrés auditivo. “Vivimos rodeados de sonidos continuamente, como la tele, móviles, tráfico o ruido ambiental de lugares de reunión como los restaurantes.

Todo ello provoca respuestas como la inflamación del aparato auditivo, sobre todo en los niños, ya que al estar en proceso de formación y desarrollo, su oído es más vulnerable que el de los adultos. El flujo de información auditiva que recibimos e interpretamos por el oído es constante. Así como precisamos dormir sin luz y cerramos los ojos, también necesitamos los silencios”, aclara la psicopedagoga experta en sonido, María José Lladó.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) asegura que la contaminación acústica puede provocar pérdida auditiva, trastornos del sueño que deriven en fatiga, depresión y falta de rendimiento, estrés e irritabilidad. Esta Organización internacional considera los 50 decibelios (dB) como el límite superior tolerable para el oído humano.

Si tenemos en cuenta que una conversación llega a los 40 dB y el sonido ambiental en el campo a los 10 dB, queda patente que estamos expuestos a diario a estímulos auditivos que superan la media saludable con creces. Una de las consecuencias de esta sobre estimulación sonora es “la inflamación del aparato auditivo en niños con una sensibilidad especial en el oído, pero también por un exceso de información auditiva, fruto de la sociedad hiperruidosa en que vivimos”, explica Lladó.

Cómo influyen los sonidos en los niños con hipersensibilidad auditiva

El oído especialmente sensible puede provocar en los niños “ataques de pánico o de llanto ante ruidos intensos. Incluso algunos los interpretan como ruidos anormales, lo cual se denomina acúfeno o tinnitus. El niño con hiperacusia tiende a retraerse, evita el contacto con otras personas, sobre todo en grupos, o con fuentes sonoras que provienen de lugares como cine o centros comerciales donde se puede generar sonido que le cause distorsión.

Todo ello genera la tendencia a un comportamiento que a veces puede simular ciertos aspectos de trastornos del espectro autista, condicionar cambios en el desarrollo emocional y limitar la empatía en contextos sociales. El niño con hiperacusia jamás escucha música y, en ocasiones, para pasar desapercibido puede usar cascos o auriculares, pero los utiliza como barrera protectora del sonido”, comenta Raimundo Gutiérrez Fonseca, jefe de Servicio de Otorrinolaringología del Hospital Rey Juan Carlos de Madrid.

La hipersensibilidad acústica no suele ser hereditaria. “No obstante, los hábitos aprendidos en la familia tienden a heredarse de padres a hijos. En caso de progenitores con hiperacusia, que tienden a evitar ruidos desagradables, es común que sus hijos, por imitación, desarrollen hábitos similares”, explica el médico, que aconseja varias pautas con los niños hiperacusicos, entre ellas, llevar a cabo un estudio de audición y una valoración del entorno familiar, escolar y social del niño que influya en esa hipersensibilidad auditiva, así como evitar situaciones estresantes, favorecer un ambiente donde haya espacio para el silencio, la habituación a estímulos auditivos de forma paulatina para favorecer su tolerancia, así como brindar apoyo y comprensión al niño en todos los ámbitos de su vida.


Los casos de niños con oídos hipersensibles son habituales, pero pasan muchas veces desapercibidos, porque ni siquiera los adultos se dan cuenta de sus propias hiperacusias. Cuando se conoce esta peculiaridad auditiva en el niño se le puede sacar partido a través de “procurarle un medio amable para que pueda expresarse, también instrumentos musicales, porque la música es una forma de crecer y relacionarse con el mundo. Ir a la naturaleza para que el niño disfrute con sonidos, como los de los pájaros, las hojas de los árboles. Entonces, nos asombraremos de lo que son capaces de hacer, crear y decir estos maravillosos niños a través de la palabra, la voz o la música”, concluye la psicopedagoga, María José Lladó.

Fuente: https://elpais.com/elpais

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